El español medieval, esa fascinante etapa de nuestra lengua entre los siglos XIII y XV, no sólo nos dejó palabras curiosas y construcciones poéticas, sino también una increíble cantidad de abreviaturas que harían temblar a cualquier usuario moderno de WhatsApp. Pero, ¿por qué se abreviaba tanto en aquella época?
En la Edad Media, escribir no era tarea fácil ni barata. Los libros se copiaban a mano, y el pergamino, el material utilizado para escribir, era un recurso valioso. Por eso, los escribas medievales desarrollaron un sistema de abreviaturas que les permitía ahorrar espacio y tiempo. Cada centímetro de pergamino contaba, y las abreviaturas eran la solución perfecta para maximizar su uso.
Por ejemplo, palabras comunes como “Cristo” se representaban con una X (una forma derivada de la letra griega khi), y terminaciones como -us o -um se reducían a una simple línea ondulada sobre la palabra. Estas marcas, conocidas como «abreviaturas por suspensión» o «contracción», eran tan comunes que leer textos medievales sin una guía era casi imposible para el no iniciado.
Pero las abreviaturas no eran solo una cuestión práctica, también reflejaban el ingenio y la creatividad de los escribas. Cada escuela o scriptorium tenía sus propias variantes, lo que hacía que las abreviaturas fueran casi un idioma dentro del idioma. Algunos escribas incluso desarrollaban sistemas tan complejos que parecían códigos secretos.
Por ejemplo, las palabras “que” y “quien” se reducían a simples «q» con signos adicionales, y frases completas como “dijo que” podían comprimirse en un solo símbolo. Este sistema no solo ahorraba espacio, sino que también daba un aire de sofisticación a los textos.
Aunque muchas de las abreviaturas medievales desaparecieron con la llegada de la imprenta en el siglo XV, algunas sobrevivieron y llegaron hasta nuestros días. Por ejemplo, el uso de «etc.» para “et cetera” o «Sr.» para “señor”. Estas pequeñas reliquias nos recuerdan que, aunque nuestras comunicaciones modernas están llenas de emojis y acrónimos, la necesidad de abreviar es tan antigua como el propio lenguaje.
Así que, la próxima vez que escribas «tqm» o «xfa» en un mensaje, recuerda que estás siguiendo una tradición que comenzó hace siglos. ¡La brevedad siempre ha sido el alma del ingenio, incluso en el español medieval!
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Sin duda alguna es muy importante mantener estas pequeñas-grandes tradiciones que nos ayudan a comunicarnos.